Hace 21 años que Pepe, el abuelo, nos dejó. Wenceslao. Buen
hombre era el abuelo. Se quedó al pie de su cama mientras intentaba ponerse los
pantalones. Quería y era querido. Supongo que como casi todos los abuelos ,
jugaba alas quinielas y decía: “Lo que toque para los nietos”. Nunca le tocó ni
un real.
Estaba yo en Telefónica de la calle Ríos Rosas en Madrid
cuando me llamaron para decirmelo. Cogí el hato y me fui a casa. El velatorio
se hizo en su casa. A reventar de gente toda la noche.A la hora de ir a la
iglesia, no entiendo porqué, Pepe era ateo- comunista, me sangró la vida al
atravesar con el féretro la plaza del pueblo, de Ciempozuelos, y escuchar por
los altavoces del ayuntamiento villancicos. Un poco de respeto coño que hay un
difunto cruzando la plaza. Era mi abuelo, José Wenceslao Martín. Buen hombre.
Aaaaaaay si me viera ahora el abuelo. Se moriría otra vez.
No permitía que nadie de su alrededor lo pasara mal o sufriera. Lo suyo era de
todos y en lo que estaba en su mano ayudaba.
Sufrió la pérdida temprana de una hija, mi madre, cuando
ella tenía 33 años. En 1983 perdió a la abuela Juliana. Lo que tuvo que
aguantar el hombre.
Siempre me acuerdo de Pepe, y los 29 de diciembre más, no es
para menos. Un abrazo Pepe.
Se me amustia el alma con estos recuerdos joder. Y además
todo lo que tenemos encima. No tengo ahora mismo el cuerpo para fines de años,
os lo aseguro. No voy a poder coger uvas, al final se me ha alargado demasiado
la semana y el presupuesto se ha evaporado con los gastos mínimos normales de
una casa pobre. Tenía que coger cacao para el niño, para sus desayunos. Pues
tenía media tableta de chocolate que nos dieron en el banco de alimentos y la
molí junto con azú
car para hacer cacao en polvo. El otro día hice magdalenas
caseras, buenas, se pudieron comer. Así, con trucos y todo, es imposible, de
donde no hay no se puede sacar.
Ayer el nene me preguntó:¿cuándo me voy a duchar? Buf que
lío. Tenemos que poner un calefactor pequeño en el baño, poner a calentar agua,
y cuando todo está caliente, lavarnos como los gatos, con una jarra y la
esponja; no tenemos agua caliente en los grifos, y estiramos las duchas en el
tiempo, más que nada para no pasar frío de más. Como no salimos mucho, tampoco
nos tienen que oler los demás, todo queda en familia.
No pasa nada. Todos los años hemos comido las llamadas “uvas
de la suerte” y míranos, que suerte, puede ser que al no comerlas un año, todo
cambie. ¿probamos? Venga vale.
No hay comentarios:
Publicar un comentario