martes, 27 de diciembre de 2016

CAMBIO

A cuatro días para cambiar de año tengo la convicción y el olfato de un cambio radical en nuestra vida, y no tiene nada que ver con un programa de la tele. Además es un cambio a mejor, el inicio de una escalera larga hacia arriba que nos va a permitir asomarnos a la vida con aire nuevo y fresco. Una nueva oportunidad, un leve empujón para respirar un poco.
Es la percepción que he tenido esta mañana al levantar las persianas y ver el sol y la escarcha. Calor del sol y frío, lo que es la vida.
¿Seguridad? no. Pálpito, que dirían los mayores. No es por el cambio de año, no tiene nada que ver. Es porque me ha dado así. Porque toca, porque huele, se palpa el cambio. Huele a nuevo, a fresco, a limpio, bien.
Hasta que llegue esa frescura, aquí estamos, picando puertas, buscando curro, luchando. El hijo comprende, Anabel comprende y lucha. Soy feliz porque comprenden; y estoy triste porque tienen que comprender y no disfrutar. Amarga, a ratos, la resignación.
El 31 nos gusta, por tradición y porque es divertido, comernos las uvas. Nada más, ni cena especial, ni dulces ni nada de eso que, además de no necesitarlo, no nos podemos permitir. Las uvas y una copita de cava creo que sí conseguiremos. Es curioso, esa noche nos da por vestirnos más o menos bien para estar en casa. Nosotros tres solos, pero así somos. Es cierto que tenía invitación y billetes de avión para ir a Ibiza con los hermanos, pero los ánimos no acompañan, y no queremos ser una carga anímica  ni económica.
Es fin de ciclo, y estamos preparados para el cambio, y ansiosos. Agradecidos a todos los que nos han dado apoyo, el que sea; calor, ánimo, palabras y esperanza. Quizás no hayamos estado a la altura de ciertos ofrecimientos, pero los estados de ánimo del momento, la vergüenza, el desaliento, el desconocimiento, no nos han permitido reaccionar. Alguien nos ha hablado de orgullo. Jamás hemos tenido orgullo. Cuando una persona hace público su estado, sobre todo cuando éste es tan malo como el nuestro, me parece que el orgullo no existe, no cabe. Tenemos limitaciones técnicas que nos impiden estar al día en comunicaciones, y esto también limita las relaciones con el resto. No son escusas, es la realidad. Repito, estamos muy agradecidos a todas las personas que han estado de una manera u otra con nosotros, en estos momentos tan amargos.
    

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