lunes, 12 de diciembre de 2016

A TRABAJAR SE HA DICHO

Los sindicatos llevan en silencio casi 4 años. No se les oye ni se les escucha, que no es lo mismo, aunque lo parezca. Realmente estos sindicatos modernos españoles poco o nada tienen interfieren en la vida de los españolitos, trabajen o no.
Malos hábitos estos de depender de los presupuestos del estado para la supervivencia. Claro que si tuvieran que depender de las cuotas delos afiliados, estarían desahuciados hace tiempo. ¿por qué aquí los sindicatos no tienen el peso que tienen en el pais vecino, Francia?
Aquí se duda de la eficacia de los sindicatos, por algo será. Están demasiado politizados, y eso hace que los trabajadores desconfíen. En ese aspecto me gusta el sistema yanqui, es lo único que me llama la atención de ellos, si estás sindicado, trabajas, si no lo estás, malo para tí. Luego apoyarán más o menos al trabajador, que allí no están para eso, sino para evitar el intrusismo; allí son autónomos y no admiten intrusos.
Una mezcla entre la obligatoriedad yanqui y la funcionalidad francesa sería lo idóneo, pero para eso tenemos que cambiar mucho l@s obrer@s españolas/es.
Actualmente 17 millones de  trabajadores andan humillados a distintos niveles por falta de unión e ideas. Las leyes y normas escritas hace 36 años en el ET son muy ambiguas, y tienen, según quién las vea, diferentes lecturas. Esta ambigüedad destruye a todas luces la defensa del trabajador, ya que en caso de duda, el estado da la razón al empresario gracias a las distintas interpretaciones del articulado. La concreción de las normas es necesaria para una creencia en el texto.
Cuando ahora, por narices, se revise la reforma laboral, hágase bien entendible en todos los casos la redacción del articulado. En este proceso los sindicatos, todos, deberían de hacer hincapié, pues luego esto facilitará a sus delegados el trabajo. También las patronales tendrían que perseguir esta idea para no alargar los posibles procesos.
No es de recibo que un trabajador en el siglo XXI se crea sólo ante el peligro. Los sindicatos y las patronales se han dejado robar la gestión de estas normas que les dirigen y definen a ellos, no al estado, que es el que ahora, usurpador, protagoniza la normativa laboral. Hagan su trabajo sindicatos y patronal y quizás sólo así consigan adeptos.

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